¡Del carajo con la modernidad y sus ofertas!
Una reflexión sobre la vida, los comedores y la utopía social
Por Pedro Armando el 24 de julio de 2025
¡Del carajo con la modernidad y sus ofertas! Uno, con la santa intención de adquirir un humilde "comedor" para echarse un bocado, se va a la tienda y ahí con lo primero que se topa es con la vendedora, esa especie de oráculo del consumo, que con una sonrisa más pulcra que conciencia de burócrata, le suelta a uno la frase del milenio: "Aquí puede sentar ocho personas sin problemas". ¡Ocho! ¡Y sin problemas! ¡Ay, mi madre!
El Cortocircuito de la Realidad
En ese preciso instante, el cerebro de uno, acostumbrado a los avatares de la vida "normal", entra en un cortocircuito de proporciones épicas. ¿Ocho almas en pena, digo, en fiesta, en la casa de uno? ¿Y sin que a uno le dé un "ataque de croqueta" por el Wi-Fi que no llega, la tía que pregunta por el novio que no existe, o el vecino que te mira atravesado solo si respiras muy fuerte?
¡Si para encontrar a dos que se pongan de acuerdo para ver una serie es ya una odisea digna de Homero, con su Odisea y todo! La idea de ocho personas en mi espacio vital, sin que surjan complicaciones, parece más una fantasía que una posibilidad real.
El Catálogo Humano y la Sociedad Invisible
Uno se pone a revisar el "catálogo humano" que tiene uno a mano: la amiga que está a dieta perpetua, el primo que solo habla de criptomonedas, la ex que, como bien apunta usted, ¡mejor ni nombrarla que se aparece hasta en la sopa! ¿Ocho? ¡Si apenas tengo ocho contactos que no me dejen en visto en el WhatsApp!
La cosa no es el espacio, no, eso se resuelve con un buen "aprietate ahí que cabemos más". El verdadero drama es la "sociedad invisible", esa que nos vende la idea de que la felicidad viene en paquetes grandes, cuando la realidad es que uno a veces lo que celebra es que tiene un par de calcetines sin huecos. Es la presión sutil de una vida idealizada que choca con nuestra cotidianidad.
La Utopía del Comedor y la Reflexión Final
Al final, el comedor se quedó en la tienda, como un monumento a la "utopía social". Porque, ¿para qué quiere uno una mesa de "convite multitudinario" si la mayor congregación que uno logra con suerte es la de las migas de pan después de una pizza solitaria?
Pero no se apure, amigo. Al menos nos queda esta "riflexión", que es más barata y no ocupa espacio. Y ya somos dos en esta "mesa imaginaria". ¡Nos faltan seis, eso sí, pero que vengan "sin problemas", que la paciencia de uno no es de goma!
¿Te sientes identificado con esta "riflexión"? ¡Déjanos tu comentario abajo y comparte tu propia experiencia con la "utopía social"!

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